HISTORIA DEL TURRÓN

HISTORIA DEL TURRÓN

En las primeras civilizaciones mediterráneas conocidas, el reparto de almendras azucaradas envueltas en tul como obsequios dados en una boda era costumbre habitual. Estas delicias simbolizaban fertilidad, felicidad, buena salud y fortuna. La leyenda se entremezcla con la historia a la hora de relatar el origen del turrón y su andadura en la historia de la gastronomía. España, Francia e Italia son los países con cierta tradición turronera tal como la conocemos hoy en día. Obviamente España los supera con creces tanto en su producción como en el consumo, la tradición del turrón se exportó además a todos los países de habla hispana en menor o mayor medida, destacando Argentina y las entrañables islas de Cuba y Puerto Rico.
Nadie puede esgrimir la paternidad de un producto que sin lugar a dudas fue inventado en cualquier lugar donde se diese el binomio miel-almendra, o  una melaza fuertemente edulcorada cocida junto a frutos secos bien sean nueces o piñones o avellanas.


 
La almendra es un fruto que depende de una naturaleza como la Mediterránea, o mejor dicho, la conveniencia de su cultivo viene dada por la necesidad de poca agua, mucha insolación y temperaturas no demasiado extremas en invierno. La miel que tradicionalmente se utilizaba era procedente de las libaciones que las abejas hacían sobre plantas aromáticas y cultivos frutales, a diferencia de otras más septentrionales o de alta montaña que extraen el néctar de bosques de coníferas y florecillas de prados repletos de pastos que aportan menos aroma y diversidad en su sabor.
 
La Pragmática de Carlos III
A Carlos III, un borbón ilustrado, le adjudicaron la insólita máxima de “El mejor alcalde, el rey”. A tanto llegó en su esfuerzo por convertir a la capital de reino en una especie de jardín de las maravillas, que no dudó en firmar una ley que protegiera los turrones de los confiteros madrileños de los venidos de fuera de la ciudad. La tradición del consumo de turrón durante las fiestas navideñas se acentuaba, sobre todo en las grandes ciudades españolas. La demanda superaba a la propia producción local únicamente durante la Navidad, aunque era común el ver deambular los productos de los artesanos de Jijona y Alicante por las calles de Madrid en cualquier época del año. El clamor del gremio de confiteros llegó hasta el rey que no dudó en complacer sus quejas. Firmó una ordenanza llamada La pragmática, por la que se permitiría la venta ambulante  de turrón, únicamente durante los cuarenta días antes de la llegada de la Navidad. Quizá fuera esto, lo que provocara que después de aquellas fechas nadie entienda como cosa normal, el comprar un pastilla de turrón en otra época del año.
 
En Aragón se hizo muy popular  un dulce tradicional judío llamado nuégada, que se preparaba formando una especie de bloques compuestos de miel y frutos secos que recuerda el célebre nougat francés, tanto por su nombre como por su composición. También habría que recordar que éstos dulces se preparaban cuando se celebraba la Pascua judía, representando ésta dulce mezcolanza de frutos secos, el mortero utilizado por los esclavos israelitas en la construcción de las pirámides del faraón.
Etimológicamente la palabra nos conduce al vocablo latino torrere (tostar, cocer al fuego…) y que derivaría en vulgar turrar y de ahí a turrón, palabra aparecida como tal en los escritos de un tal Guillem de Segovia en 1475.
También existen diversas narraciones procedentes de Italia, pero la primera referencia escrita nos llega a través del libro “Banchetti”, una curiosa obra escrita por Cristóforo Massiburgo, el mayordomo del cardenal Hipólito de Este y que vio la luz en el año 1549. En el se nos describe que durante un banquete celebrado en el año 1529, se sirvió un dulce a base de almendras llamado torrone por tener forma de torres. Seguramente eran conceptos que viajaron de España a Italia, ya que en aquel tiempo casi todo el mediodía dependía de la corona española. En el siglo XV son diversas las menciones del dulce en la literatura, o muy anteriormente en “El espill de les dones” (El espejo de las mujeres) obra del valenciano Jaime Roig.


 
En el siglo XVI, aparece publicada la obra  en lengua castellana “Los lacayos ladrones” del autor Lope de Rueda, donde Dalagón, su protagonista, no cesa de repartir golpes a sus criados en busca del culpable de haber engullido el turrones de Alicante que tan cuidadosamente guardaba. Habla de su fama lo que confirma la generalidad de su consumo y la especialización en éste lugar.
Del siglo XVII, se guardan en el Archivo municipal de Alicante, los pliegos de un pleito que mantuvieron los maestros turroneros de la ciudad contra el llamado Colegio de la Cera de Valencia, que por su poder gremial pretendía absorberlos.

http://jijona.com/consejo-regulador/historia-consejo-regulador/

Publicado en DULCES TURRONES  

05-10-2015

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